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Los
principios de la no violencia
Dora Amador
Hace ya un mes que me visto de negro. Es en solidaridad,
mi forma de protestar por la injusticia y la represión
que sufre mi pueblo. Es mi luto por el creciente número
de personas que mueren de hambre o enfermedades curables
excepto en Cuba, sumida en la miseria y la hambruna; es
por los muertos del remolcador 13 de Marzo; por las
presas y los presos políticos; por los balseros ahogados
tratando de escapar de la isla. ¿Qué logro con el luto?
Darle forma exterior a un sentimiento; declarar mi dolor
ante la devastadora realidad que vive la nación;
desobedecer las normas del vestir cotidiano con un acto
que trascienda, aunque sólo sea en mi conciencia.
En estos años han sido muchas las mujeres cubanas que
antes que yo decidieron llevar luto en alguna ocasión
como protesta. Recientemente fue Sylvia Iriondo,
directora de Las Madres Contra la Represión, que vistió
de luto durante las demostraciones de junio, cuando
Clinton anuncio la nueva medida de repatriación de los
balseros y los cubanos paralizaron el tránsito, y hubo
un paro de varias horas en Miami.
Mi acto de protesta individual, solitario, aislado,
puede ser tan absurdo e inútil como el de la muchacha
que se encontró Omar López Montenegro al salir de la
prisión en 1992. La estudiante le contó que el día que
se lo llevaron preso a primeras horas de la mañana, ella,
en su honor, no fue a la escuela. López Montenegro,
miembro de la Unión Cívica Nacional, fue uno de los
arrestados cuando con un grupo de Pro Arte Libre colocó
flores frente a un monumento a Martí. Esta desobediencia
civil --en Cuba ponerle flores a Martí se considera
subversivo, a no ser que sea un acto oficial-- provocó
golpizas con palos y cabillas y los arrestos de los
artistas. También fue detenido junto a otros cuando
participó en una protesta pacífica frente a Villa
Marista, sede de la Seguridad del Estado, en septiembre
del 91.
Gestos esporádicos como éstos han estado ocurriendo en
Cuba en los últimos años --sin contar las huelgas de
hambre en las cárceles--, pero se han intensificado
últimamente. Los más importantes han sido el
levantamiento popular del 5 de agosto del 94, cuando
miles salieron al Malecón para exigir libertad, y el 13
de julio de este año al conmemorarse la masacre del
remolcador 13 de Marzo, en que un avión de Hermanos al
Rescate voló sobre La Habana y los tripulantes arrojaron
cientos de volantes que decían: "Compañeros no, hermanos",
y la flotilla Democracia se acercó a Cuba para hacer una
protesta pacífica, cuando su barco insignia fue
embestido por buques militares cubanos.
¿Qué pasaría si en lugar de uno, miles de estudiantes
decidieran un día no ir a la escuela como señal de
protesta? ¿Y si en vez de un obrero agrícola aplastado,
marginado, hambreado, que se desquita en silencio
trabajando muy lento o no trabajando, cientos de miles
se declaran en huelga? ¿Y si en lugar de un grupo de 10
ó 20 personas que van a un monumento a poner flores o a
un cuartel a protestar, cientos o miles toman las calles
en marcha pacífica exigiendo la dimisión del régimen? No
hay nada que le tema más Fidel Castro que al pueblo en
las calles y las marchas pacíficas; el es la violencia y
el ultraje, no tiene armas para la desobediencia civil y
la confrontación no violenta.
Fue brillante la iniciativa del piloto e ingeniero José
J. Basulto, presidente de Hermanos al Rescate, de
patrocinar la participación de cubanos de la raza blanca
y negra y de diferentes organizaciones del exilio a
participar en el seminario sobre la no violencia
celebrado la semana pasada en el Instituto para la No
Violencia Martin Luther King, Jr. de la Florida.
El objetivo de la asistencia de los cubanos fue, explica
Basulto, empezar a conocer bien este método de lucha y
hacer que los demás lo conozcan y crean en el. Presentes
estaban Basulto, Jorge Lares, Mario de la Peña y Luis
Prieto, pilotos de Hermanos al Rescate. También Omar
López Montenegro, Lázaro Farías, Gilberto Montenegro,
Lucía Rojas y Pedro Facundo Pomar, negros cubanos del
exilio. Estuvo Jorge Vals, quien presentó la ponencia
por parte de los cubanos, Ana Carbonel, Arnaldo Iglesias,
Roberto Rodríguez Tejera, y Ramón Saúl Sánchez, del
Movimiento Democracia y Orlando Gutiérrez del Directorio
Estudiantil.
La educación y el entrenamiento en estos talleres del
Centro King para la no violencia y el cambio social
consiste en formular con claridad la misión y el
propósito de la filosofía kingiana, cuyos seis
principios son:
1. La no violencia la ejercen personas valientes, no
cobardes.
2. Ganar la amistad, la paz y el entendimiento.
3. Buscar derrotar la injusticia, no a las personas.
4. Aceptar el sufrimiento, que educa y transforma.
5. Elegir el amor en vez del odio.
6. La no violencia cree que el Universo esta del lado de
la justicia.
La creación del Concilio Cubano, alianza aglutinadora de
la oposición en Cuba, y el apoyo que le han dado
numerosas organizaciones del exilio, entre ellas el
divulgado este lunes en la sede de Agenda Cuba, el hecho
de que el martes varias organizaciones de exiliados en
Puerto Rico, entre ellas Movimiento Cuba 21, anunciaran
que en diciembre iniciaran una campaña para promover la
resistencia civil en Cuba, todo esto apunta a la
coordinación y la cohesión de un instrumento de cambio,
una herramienta de lucha eficaz largamente anhelada por
los cubanos de allá y de acá.
Es la clave necesaria para que los actos de protesta
individuales, pequeños, solitarios del obrero o el
burócrata que no trabaja, la estudiante que no va a la
escuela, el joven que se resiste al Servicio Militar
Obligatorio, el miembro del Comité de Defensa de la
Revolución que se niega a pagar la cuota o hacer guardia,
la doctora Hilda Molina dando el paso a la desobediencia,
cobren la fuerza necesaria para derrocar al gobierno y
recuperar los derechos usurpados, la dignidad pisoteada.
Noviembre 23, 1995. |