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Preparada para ir a Cuba
Dora Amador
Como cubanoamericana que tiene familia en Cuba, que
salió de allá a los 13 años y tiene ahora 60; como
ciudadana de Estados Unidos que ejerció su derecho al
voto y voté por Barack Obama con la gran esperanza de
que haya un verdadero cambio en este país que quiero
entrañablemente, me dirijo al Presidente electo para
pedirle algo que creo puede lograr, además de intentar
seriamente acabar con la rapiña de buitres de la banca,
Wall Street y el Congreso; construir buenas relaciones
internacionales basadas en la diplomacia inteligente y
el diálogo; trabajar con urgencia en la eliminación del
calentamiento global y el cambio climático; crear un
departamento de salud en el que todos los ciudadanos
tengan servicios médicos y hospitalización; hacer
económicamente accesible las universidades a todos;
mejorar cuanto antes la educación elemental y secundaria
para que sea de excelencia, y no el desastre escolar con
el que cuentan ahora nuestros niños y jóvenes, dar
inicio a una nueva economía de libre empresa cuyo único
motor no sea “la confianza del consumidor”, es decir el
endeudamiento y el consumismo de la población, et
cétera.
Creyendo en sus palabras de que eliminaría
inmediatamente las restricciones de los cubanoamericanos
para viajar a Cuba, le pido a Obama que antes de cumplir
esa promesa le exija al gobierno de los hermanos Castro
que elimine por su parte el “permiso de entrada” a los
cubanos a su país. Que todos los cubanos puedan entrar y
salir de su país libremente.
"Es un acto de barbarie prohibirle a un ciudadano
visitar a su familia", dijo el vicepresidente Carlos
Lage. Cuba, dijo, está "preparada para recibir
visitantes de Estados Unidos, tanto cubanos como
norteamericanos… pero Barack Obama… no ha hablado sobre
el derecho de los ciudadanos norteamericanos recogido en
la Constitución. De las cosas que dice (la Carta Magna),
que no dice mucho porque no es muy extensa, plantea el
derecho a viajar pero eso está violado por el bloqueo de
Estados Unidos contra Cuba', subrayó Lage.
Yo estoy preparada para ir. ¿Me dejarán entrar a mi país?
Si no, entonces Cuba estará violando un derecho que Lage
le acaba de reprochar a Estados Unidos. Iría en contra
de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de
Naciones Unidas, que acaba de cumplir 60 años, y que en
Cuba se viola desde hace 50 años. A principios de 2008,
el ministro exterior, Felipe Pérez Roque, firmó dos
acuerdos internacionales: el Pacto Internacional sobre
Derechos Civiles y Políticos y al Pacto Internacional de
Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones
Unidas. En todos está contemplado como derecho
fundamental la libre entrada y salida de un país a sus
ciudadanos.
Quiero viajar a Cuba cuantas veces desee, reunirme con
mis primos, también con una familia espiritual muy
cercana que ha nacido a través de los años fundada en la
fe católica. Quiero conocer mi país, andar por él
libremente e irme integrando a su sociedad civil.
Han pasado 47 años desde que salí de Cuba. En el 2010
cumplo 62, cuando espero jubilarme y recibir mi bien
ganado retiro económico. Sé de la fragilidad de la vida,
de las limitaciones de mi edad, de las incertidumbres y
peligros que me podrían aguardan. Pero la esperanza
siempre me lleva de la mano, como la fe, por eso espero
y confío en que la última etapa de mi vida pueda pasarla
donde nací. En efecto y en efectivo, contando con el
dinero de mi retiro, el Seguro Social estadounidense,
espero poder establecerme en Cuba
¡Que locura! Dirá mucha gente si además de esto que
acabo de exponer estoy determinada a hacerlo incluso sin
que se haya logrado la anhelada democracia en mi patria
de origen. Toda mi vida la he dedicado a esa causa, mi
única vía ha sido la palabra escrita, desde 1982, cuando
empecé a ejercer el periodismo. Ha sido una entrega, un
compromiso, una lucha muy larga y dolorosa, sólo Dios lo
sabe.
¿Por qué determino regresar? Porque se es libre
ejerciendo la libertad, y estoy convencida de que
únicamente la lograremos desde allá, pacífica, cristiana,
amorosa, reconciliadoramente. Las dos veces que he
estado en Cuba desde que salí en 1962: primero en 1978,
cuando los viajes de la comunidad y de nuevo en 1998,
unos meses después de la visita del papa Juan Pablo II,
me confirman que pertenezco a aquella tierra. Es como
volver al hogar, me siento en casa. Cierto, han sido dos
o tres semanas, tengo inquietudes e incertidumbres, pero
tengo la certeza de que a la corta o a la larga, me
quedaré allá. Estoy preparada para la travesía aérea o
marítima. (Sugiero el establecimiento de barcos para
poder llevar el auto, electrodomésticos, muebles y quien
así lo desee su mudada completa).
Es un sueño antiguo, siempre nuevo, que parece posible
en 2009. Le pido a Dios que así sea. El exilio, el
destierro, el regreso. Es una constante bíblica.
Arraigarse en Cristo, fuente y fin de todo, en su amor,
es la gran enseñanza, la ruta rumbo a la verdadera
patria. ¿Cómo no creer?
Enero 3,
2009 |