“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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Preparada para ir a Cuba

Dora Amador

Como cubanoamericana que tiene familia en Cuba, que salió de allá a los 13 años y tiene ahora 60; como ciudadana de Estados Unidos que ejerció su derecho al voto y voté por Barack Obama con la gran esperanza de que haya un verdadero cambio en este país que quiero entrañablemente, me dirijo al Presidente electo para pedirle algo que creo puede lograr, además de intentar seriamente acabar con la rapiña de buitres de la banca, Wall Street y el Congreso; construir buenas relaciones internacionales basadas en la diplomacia inteligente y el diálogo; trabajar con urgencia en la eliminación del calentamiento global y el cambio climático; crear un departamento de salud en el que todos los ciudadanos tengan servicios médicos y hospitalización; hacer económicamente accesible las universidades a todos; mejorar cuanto antes la educación elemental y secundaria para que sea de excelencia, y no el desastre escolar con el que cuentan ahora nuestros niños y jóvenes, dar inicio a una nueva economía de libre empresa cuyo único motor no sea “la confianza del consumidor”, es decir el endeudamiento y el consumismo de la población, et cétera.

Creyendo en sus palabras de que eliminaría inmediatamente las restricciones de los cubanoamericanos para viajar a Cuba, le pido a Obama que antes de cumplir esa promesa le exija al gobierno de los hermanos Castro que elimine por su parte el “permiso de entrada” a los cubanos a su país. Que todos los cubanos puedan entrar y salir de su país libremente.

"Es un acto de barbarie prohibirle a un ciudadano visitar a su familia", dijo el vicepresidente Carlos Lage. Cuba, dijo, está "preparada para recibir visitantes de Estados Unidos, tanto cubanos como norteamericanos… pero Barack Obama… no ha hablado sobre el derecho de los ciudadanos norteamericanos recogido en la Constitución. De las cosas que dice (la Carta Magna), que no dice mucho porque no es muy extensa, plantea el derecho a viajar pero eso está violado por el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba', subrayó Lage.

Yo estoy preparada para ir. ¿Me dejarán entrar a mi país? Si no, entonces Cuba estará violando un derecho que Lage le acaba de reprochar a Estados Unidos. Iría en contra de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, que acaba de cumplir 60 años, y que en Cuba se viola desde hace 50 años. A principios de 2008, el ministro exterior, Felipe Pérez Roque, firmó dos acuerdos internacionales: el Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos y al Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas. En todos está contemplado como derecho fundamental la libre entrada y salida de un país a sus ciudadanos.

Quiero viajar a Cuba cuantas veces desee, reunirme con mis primos, también con una familia espiritual muy cercana que ha nacido a través de los años fundada en la fe católica. Quiero conocer mi país, andar por él libremente e irme integrando a su sociedad civil.

Han pasado 47 años desde que salí de Cuba. En el 2010 cumplo 62, cuando espero jubilarme y recibir mi bien ganado retiro económico. Sé de la fragilidad de la vida, de las limitaciones de mi edad, de las incertidumbres y peligros que me podrían aguardan. Pero la esperanza siempre me lleva de la mano, como la fe, por eso espero y confío en que la última etapa de mi vida pueda pasarla donde nací. En efecto y en efectivo, contando con el dinero de mi retiro, el Seguro Social estadounidense, espero poder establecerme en Cuba

¡Que locura! Dirá mucha gente si además de esto que acabo de exponer estoy determinada a hacerlo incluso sin que se haya logrado la anhelada democracia en mi patria de origen. Toda mi vida la he dedicado a esa causa, mi única vía ha sido la palabra escrita, desde 1982, cuando empecé a ejercer el periodismo. Ha sido una entrega, un compromiso, una lucha muy larga y dolorosa, sólo Dios lo sabe.

¿Por qué determino regresar? Porque se es libre ejerciendo la libertad, y estoy convencida de que únicamente la lograremos desde allá, pacífica, cristiana, amorosa, reconciliadoramente. Las dos veces que he estado en Cuba desde que salí en 1962: primero en 1978, cuando los viajes de la comunidad y de nuevo en 1998, unos meses después de la visita del papa Juan Pablo II, me confirman que pertenezco a aquella tierra. Es como volver al hogar, me siento en casa. Cierto, han sido dos o tres semanas, tengo inquietudes e incertidumbres, pero tengo la certeza de que a la corta o a la larga, me quedaré allá. Estoy preparada para la travesía aérea o marítima. (Sugiero el establecimiento de barcos para poder llevar el auto, electrodomésticos, muebles y quien así lo desee su mudada completa).

Es un sueño antiguo, siempre nuevo, que parece posible en 2009. Le pido a Dios que así sea. El exilio, el destierro, el regreso. Es una constante bíblica. Arraigarse en Cristo, fuente y fin de todo, en su amor, es la gran enseñanza, la ruta rumbo a la verdadera patria. ¿Cómo no creer?

Enero 3, 2009

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