Dar a conocer a San Pablo y promover el ecumenismo son los ejes
del año paulino
Guillermo Callejo
Cuando quedan escasamente dos semanas para que empiece el Año de
San Pablo (28 de junio de 2008 a 28 de junio de 2009), el
cardenal Andrea Cordero Lanza de Montezemolo ha concedido una
entrevista a Primeros Cristianos en la que manifiesta su deseo
de que este evento sirva para dar a conocer la figura y las
enseñanzas del Apóstol de las Gentes.
—¿Cómo surge la iniciativa del año paulino y cuáles son sus
principales objetivos?
—El Año Paulino es una idea que presenté desde hace tiempo al
Santo Padre tratando de encontrar algún motivo para dar un nuevo
impulso, un sentido actual, a la Basílica y la Abadía de San
Pablo. Después de terminar mi actividad como nuncio apostólico
en Italia, en 2002, el Papa Juan Pablo II me había encargado un
amplio proyecto de reorganización para todo este complejo: la
Basílica, la Abadía y una serie de entidades que están en el
área extraterritorial de San Pablo.
En este contexto propusimos la celebración del bimilenario del
nacimiento de San Pablo, que los expertos sitúan entre el año 6
y el 10 de nuestra era. Por este motivo el Santo Padre Benedicto
XVI decidió establecer un Año Paulino comenzando con la víspera
de la fiesta del Apóstol —este 28 de junio— y que terminará el
29 de junio del 2009, Solemnidad de San Pedro y San Pablo.
El Papa ha señalado dos principales objetivos para este año. El
primero es conocer y hacer conocer mejor, de modo más profundo,
la figura de San Pablo, puesto que su itinerario y su
pensamiento no son aún suficientemente conocidos. El segundo
objetivo es de tipo ecuménico: la Basílica de San Pablo, a
diferencia de las otras tres basílicas papales, tiene como
objetivo principal trabajar, rezar y obrar por el ecumenismo,
para que todos los cristianos sean una sola cosa. Así, este año
será una ocasión ideal para que los cristianos católicos y no
católicos puedan conocer mejor la vida y escritos del Apóstol.
—¿Cuántos peregrinos esperan?
—En el pasado había una media de cuatro mil visitantes al día;
ahora ha aumentado considerablemente con motivo del Año Paulino.
El 1 de mayo, por ejemplo, había ya nueve mil. Es muy difícil
saber cuantos vendrán.
—¿Qué eventos principales se llevarán a cabo?
—El principal objetivo es acoger a los peregrinos que vengan de
todo el mundo. Además en la basílica promoveremos eventos
particulares de estudio, de encuentro y de lectura, meditación
sobre temas paulinos y otras iniciativas que puedan surgir. Se
hará también una edición especial de las Cartas de San Pablo y
los Hechos de los Apóstoles, junto con una guía oficial de la
Basílica, cosa que no se había hecho hasta ahora.
Tendremos algunas lecturas y explicaciones sobre las cartas de
San Pablo con pastores, sacerdotes y escrituristas, así como
testimonios del mundo de la cultura, la universidad, la
industria y la política. El alcalde de Roma, por ejemplo, vendrá
para ofrecer su testimonio. Todo esto para explicar qué
significa la enseñanza de San Pablo en la propia vida. También
nos han pedido hacer conciertos en la Basílica, entre ellos de
la Filarmónica de Berlín y de música religiosa.
Por otro lado, hemos invitado a cristianos no católicos a que
vengan durante este año para rezar por su cuenta en la Basílica
o con los católicos. Todos los viernes por la tarde habrá
vísperas ecuménicas, en las que se rezará conjuntamente, pero no
se celebrará la Santa Misa porque para ello es necesario estar
en comunión. Además de las capillas habilitadas, el Baptisterio
también se utilizará para rezar en estas vísperas: lo bonito de
utilizar el Baptisterio es que justamente lo que nos une a todos
los cristianos es el sacramento del Bautismo.
Recientemente hemos realizado muchas obras en la Basílica,
comenzando por las de la tumba de San Pablo. La tradición dice
que esta se conserva bajo el lugar que ahora ocupa el altar
papal. En el pasado, cuando había grandes inundaciones, este
sitio se llenaba de agua y era imposible acceder a la tumba,
pero desde ya unos cuantos años no se ha vuelto a repetir este
fenómeno, lo que ha permitido abrir para poder ver un lado de la
tumba. Aunque se planteó la posibilidad de abrirla, al final se
rechazó la idea ya que había que desmontar todo el altar papal y
no daba tiempo antes de que empezara el Año Paulino. El Papa ha
dicho que en el futuro se decidirá si se abre o no.
A su vez, se están terminando en estos días grandes obras de
organización y remodelación. Hemos habilitado también una zona
para museo, quiosco, exposiciones.
—¿Qué actividades se prevén para los jóvenes?
—La Conferencia Episcopal Italiana está pensando en hacer una
conexión via satélite durante la celebración de la Jornada
Mundial de la Juventud en Sydney, a la que acudirá el Papa, y
los jóvenes reunidos en Roma con motivo del Año Paulino. Aunque
aún no es seguro que se haga esta conexión, sí que es cierto que
se celebrará una importante jornada con jóvenes organizada por
la Oficina de la Pastoral Juvenil de Roma.
—¿Esperan peregrinos de las ciudades turco-sirias en que predicó
San Pablo, y cómo podría esto contribuir al espíritu ecuménico
de este año?
—La agencia Opera Romana Pellegrinaggi organizará viajes desde
estas ciudades a Roma. Por ejemplo, desde la Isla de Malta están
planeando una peregrinación. Los peregrinos de los distintos
países se organizan por su cuenta y nosotros los acogemos en las
fechas disponibles.
Es importante aclarar que el Año Paulino no es un año santo. El
Papa ha dicho claramente que se trata de un año temático: no
están implicadas las otras basílicas papales, como en un año
santo. De hecho en la Basílica de San Pablo no se abrirá la
Puerta Santa este 28 de junio, sino otra de las cinco que hay,
la Puerta Paulina. Existe también un decreto de la Penitenciaria
Apostólica, que establece la posibilidad de lucrar indulgencia
plenaria durante este año, siguiendo las condiciones habituales.
Se trata de un año que hay que aprovechar para conocer más a
fondo a San Pablo y hacerlo conocer, que su pensamiento penetre
más a fondo en los corazones de los cristianos. Es importante
reflexionar sobre la cantidad de cosas que nos ha dicho con sus
palabras y sus gestos un propagador de la fe cristiana con la
fuerza y el vigor del Apóstol de las gentes.
Creo que hay que tener presente el episodio de la conversión de
San Pablo. Cuando Saulo cayó del caballo camino de Damasco
—aunque los Hechos de los Apóstoles no hacen referencia
explícita a una caída del caballo propiamente, es de suponer que
fue así— y quedó ciego, Dios llamó a Ananías con unas palabras
que me gusta recordar a menudo: «Búscalo porque este es un
instrumento que yo he reservado para hacer conocer mi nombre a
los judíos y al mundo». Esto es como darle a San Pablo unas
credenciales, un pasaporte; y es el resumen de lo que es este
apóstol. Es lo que nosotros queremos hacer, cumplir este
mandato, esta misión que el Señor le otorgó en Damasco, que le
hizo cambiar completamente manteniendo al mismo tiempo toda la
cultura hebraica, fundamento de todo el cristianismo.
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